jueves, 22 de enero de 2009

Héroes de la República

Cada cierto tiempo las naciones se ven confrontadas con la titánica tarea de enfrentarse con los errores de su pasado y crear un futuro mejor, o perecer bajo la ignominia del silencio canalla y cómplice que las destruye.

Esta tarea recae siempre sobre aquellos que por su juventud, guardan en su pecho la viva llama del idealismo, del empuje del cambio y la reforma, de la rebelión positiva, la que crea un mundo mejor.

Es en los momentos más oscuros, cuando el optimismo y el dinamismo de las generaciones más jóvenes se elevan por encima de lo imposible, y surgen de la noche para traernos un aliento de esperanza y renovación.

Nuestros padres fundadores sintieron esa llamada, y en el caos creado por el abandono y la invasión, clamaron a todo pulmón el sacrosanto grito de la libertad y la justicia, lucharon como han luchado las generaciones posteriores, en desventaja numérica, avasallados por la sucia bota del opresor, pero siempre convencidos de que la victoria les pertenecía.

Y triunfaron, legándonos unas hazañas, un nombre, pero más que nada un sentimiento, el de ser parte de una comunidad, de una nación libre e independiente. Una y otra vez este bien sagrado se ha visto amenazado por las insensibles ansias de grupos e individuos, que solo veían en nuestra nación a un pueblo de esclavos, de ovejas obedientes y sin corazón.

Pero cada vez que la oscuridad arropó nuestras vidas, cada vez que nos vimos encerrados entre las sucias paredes de la opresión descarada y el abuso sin control, surgieron de entre nosotros esos héroes que nos devolvieron el sueño hurtado a nuestros padres fundadores, el sueño de una nación libre y justa.

Desde la puerta del Conde, pasando por Capotillo, Maimón y Manaclas, nuestra juventud ha sido siempre la vanguardia de ese ejército que nos brindado una y otra vez la esperanza en el mañana, el deseo de ser mejores, pavimentando con su sangre el camino que conduce hacia la libertad y la justicia.

Hoy, esa idea nos ha sido robada de nuevo. Mutilado el sueño por nuestros padres, que nos han legado un pesimismo maldito y un conformismo destructor. Quienes nos han criado en la escuela de lo permanente, de lo que nunca cambia, del miedo a lo desconocido; y con ese miedo nos han matado la ilusión y las ganas de cambiar aquello que nos consume.
Han sido nuestros padres los que nos han dicho una y otra vez que nada va a cambiar, que todo siempre va a ser igual, sumergiéndonos en un sistema democrático que no nos toma en cuenta y nos ignora como si fuéramos perros de la calle; dándole cabida a la ascensión de una Clase Política que a imagen y semejanza de las dictaduras caudillistas del pasado, pretenden robarnos lo único que nos queda, la dignidad del ciudadano y el hambre de libertad.

Una vez más suena en nuestros corazones el llamado urgente de una nación desesperada, el grito desesperado de los niños sin alimento, de las madres sin techo, de los padres sin un lugar donde trabajar.

Una vez más podemos escuchar ese llamado que nos urge a tomar como propio el título de héroes, el nombre de Raza Inmortal, un llamado que nos empuja a olvidar lo que nos enseñaron nuestros padres y a unirnos para ponernos a ritmo con el mundo y fundar una democracia en la cual sí seamos escuchados, si seamos tomados en cuenta.

Es la hora de despertar de la apatía y el conformismo en el que nos encerraron nuestros padres, es la hora de darnos cuenta de que el mundo nos exige que nos hagamos responsables de nuestro futuro, es hora de que nos elevemos por encima de la suciedad y reclamemos para nosotros una vez más el titulo de Héroes de la República.

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