lunes, 23 de mayo de 2011

De la ilusión y las decepciones...

Mientras que la ilusión es cosa de humanos, las decepciones son cosas de políticos.

Por la naturaleza del trabajo los políticos están destinados a quedarnos mal a cada momento, a no llenar del todo nuestras expectativas y dejarnos siempre deseando más de lo que en la realidad nos entregan. Pero una cosa es la percepción de lo que se vende como nuevo y otra totalmente diferente la realidad de lo que es nuevo.

El sistema electoral actual nos permite ilusionarnos con las promesas que nos venden, nos permite darle la oportunidad a una persona diferente cada 4 años con el fin de que nos acerque un poco más a ese Estado con el que soñamos, a ese país que nos merecemos, a esa República por la cual tanto sufrimos, lloramos y sudamos. Algunos de nuestros elegidos dan pasos cortos, otros no dan ningún paso en lo absoluto, otros simplemente dan pasos hacia atrás.

Es natural en el ser humano el ilusionarse por un candidato, es natural que trabajemos y nos unamos bajo una bandera, bajo una idea que nos permite creer que el futuro será mejor que el pasado. Es natural, y hasta saludable que hagamos esto, que sigamos creyendo, que sigamos luchando cada vez que sea posible para que el proyecto de nación, el proyecto de sociedad, el proyecto de civilización humana siga en pie y avanzando.

Lo que no es lógico, lo que no es saludable, lo que no es recomendable para el bienestar de la humanidad, como tanto la historia se ha encargado de enseñarnos, es que volvamos la cara hacia el pasado, que depositemos nuestra fe en aquellos que en su debido tiempo cuando tuvieron la oportunidad de trabajar por nosotros, nos arrastraron al abismo de la corrupción desmesurada, de la destrucción, la soberbia y el retraso material.

Las elecciones no son un juego de chistes y chanzas alegres (por más que el pueblo lo entienda de esa manera), ni son el momento para dejarnos convencer por realidades fallidas disfrazadas de paternalismo moderno. Las elecciones no son algo que se deba de tomar tan a la ligera como quisieran algunos que se basan en la amnesia colectiva de un pueblo arropado por una crisis mundial, solo comparable a la Gran Depresión que dio paso y rienda suelta a los movimientos totalitarios que trajeron a toda la civilización al borde de la extinción moral.

La elección del Jefe de Estado debe basarse en una realidad tangible de progreso, de continuar construyendo sobre las bases institucionales y materiales creadas. Pero es también el momento en el cual se debe de elegir a alguien con la determinación para corregir las fallas existentes y con la visión suficiente para acometer los desafíos del futuro aún antes de que estos surjan. Es esta una oportunidad para darnos un respiro nuevo de esperanza, de sueño, de cambio, de confianza.

Nosotros, los Indignados de Stéphane Hessel, somos los llamados a creer en esta oportunidad. Somos quienes tenemos en nuestras manos el futuro de nuestra nación, el futuro de nuestro país. Tenemos la opción de elegir entre la soberbia ya conocida o entre la esperanza contenida. Es nuestra responsabilidad el evitarnos las acampadas frente al congreso, las marchas por las avenidas de nuestro país, la movilización social en contra de la injusticia, la incompetencia, la inmadurez, el abuso de poder y la chanza caudillista y caduca.

Queda en nuestras manos Indignados dominicanos, jóvenes Héroes de la República, el elegir a alguien que nos inspire y nos haga creer que las cosas pueden mejorar, que un futuro diferente es posible de construir, que aquellas cosas que se encuentran mal pueden ser corregidas, que no hay que destruir el trabajo de los anteriores Jefes de Estado para poder progresar, es nuestra responsabilidad el elegir a alguien que tiene el valor de proponer ideas nuevas para toda nuestra nación.

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