martes, 14 de junio de 2011

LA DEMOCRACIA ENGAÑADA Y EL ESTADO FALLIDO

Todo nos ha fallado, desde nuestras concepciones de la democracia, hasta nuestra construcción del Estado el cual ha devenido en un organismo generador de élites políticas que han despilfarrado nuestros impuestos y agrandado el Estado a niveles inmanejables. El sueño por el cual tantos siglos fueron gastados, tanta sangre derramada y tantas vidas sacrificadas, nos fue hurtado subrepticiamente y moldeado de una manera totalmente diferente a la cual siempre aspiramos.

Nos dieron educación pública, pero nos robaron la calidad. Nos robaron la especialización, el derecho a una educación coherente y digna, a un profesorado remunerado en base al importantísimo trabajo que realizan y nos sumieron en un círculo vicioso de mala educación, pobreza e ignorancia que les permite perpetuar a esa clase política que nada tiene que ver con representar los intereses de la sociedad.

Nos dieron salud pública, pero nos robaron los médicos. Nos robaron los equipos y la profesionalidad, alentando la politización de los collegia nos fueron robando el deseo de los más preparados de quedarse en nuestro país, empujándolos a trabajar por otros ciudadanos, en países lejanos, sin posibilidades de contribuir al desarrollo de su propia nación.

Nos dieron el derecho al voto, pero nos negaron el derecho a la conciencia. Con una población hambrienta, ignorante y enferma se ha creado un proceso de degradación política y social, que ha empujado a nuestras naciones hacia la apatía y la aceptación de que las cosas son como son y nunca van a cambiar, cuando en realidad solo han sido como son por unas cuantas décadas.

Nos han robado la representatividad, ya que el voto no nos garantiza nada, no nos representa ni representa nuestros deseos, nuestros sueños, nuestras esperanzas o nuestros proyectos de nación. No sabemos quiénes son ellos ni a ellos les interesa quienes somos nosotros. Elegimos al que más gaste en campaña o al que más dinero nos dé el día de la votación, o peor aún votamos por el menos malo.

El sistema está dañado, y está dañando a la sociedad, la está corrompiendo de una manera que de continuar será irreversible. El Estado tradicional cuenta de tres mal llamados “poderes”, de los cuales el Judicial debe de garantizar que la justicia prime en las interrelaciones de los ciudadanos, sin distinción de color, raza, clase social, rango, etc. La justicia es la misma para todos los ciudadanos, y este ha de ser el único fin del estamento Judicial. Luego tenemos al Legislativo el cual ha de ser, por lo menos en teoría, el representante más directo con el que cuenta la ciudadanía. Este “poder” se debe de encargar de promover el establecimiento de una sociedad justa y viable, adaptando las leyes a los nuevos tiempos, a las nuevas necesidades de cada generación. El Legislativo es el órgano representativo más importante ya que a parte de su función antes mencionada, debe de crear las leyes por medio de las cuales el Judicial imparte justicia, y se limitan las actuaciones de los ciudadanos para que prime el orden y la coherencia tan importante para el desarrollo material y humano de cualquier sociedad.

En última instancia se encuentra el Ejecutivo, organismo que ha velar por la implementación de lo que sea decidido por el consenso colegiado de los representantes de la sociedad reunidos en Asamblea o Congreso, o Parlamento o como se decida llamar al Legislativo.

Esta es la teoría, en la práctica el Judicial se encarga de que los que más dinero, poder o influencia tengan se escapen por entre los grandes huecos con que cuenta la red de la justicia occidental. Los jueces se venden, los abogados no conocen su ejercicio, y todo el “poder” cae de rodillas ante el narcotráfico, la corrupción estatal, las cunas de oro, o el poder de las armas y el miedo.

El Legislativo en vez de representar a sus electores representa a un partido y a sus intereses. En vez de defender los derechos y el bienestar de sus representados se encarga de mantener el círculo vicioso de ignorancia apocalíptica que ha sido instaurado en las últimas décadas en todo occidente. El Legislativo sigue líneas partidistas y políticas sin tomar en consideración los intereses de la nación, de la ciudadanía, de sus representados. Es tal vez el mayor culpable de todo lo que acontece, ya que cuando es mayoría y gobierna, se comporta de manera totalmente absurda y abyecta. Cuando es mayoría pero no gobierna, se comporta de manera mezquina e impide cualquier intento de buen gobierno. Es el Legislativo el que ha creado, por intermediación del Ejecutivo, todo este aparato absurdo y decadente en que se ha convertido la democracia occidental.

El Ejecutivo en la práctica se ha convertido en un señor feudal con fecha de expiración. Cada nuevo Ejecutivo trae consigo una banda de pequeños señores feudales que cuentan con una fecha límite antes de la cual favorecer a los suyos, enriquecerse a costa de los ciudadanos y de vez en cuando realizar alguna labor social para mantener las apariencias. Por medio de impuestos y gravámenes de todo tipo el Ejecutivo ha logrado en todo occidente exprimir una cantidad innecesaria de dinero para repartir entre los suyos, mantener el gigante anquilosado en que se ha convertido el Estado, o promover cualquier proyecto faraónico o alejandrino, dependiendo del país.

Entonces llegamos al punto en que nos encontramos hoy en día. Mega-estados que no son funcionales, países endeudados hasta lo ignominioso, judiciales aterrorizados o vendidos en subasta pública, legislativos doblegados ante el señorío de los partidos políticos y toda una civilización entregada a la apatía y la estulticia. Y saltarán algunos inmediatamente, es culpa de la derecha, es culpa del capitalismo, es culpa, es culpa. Pero la historia no nos miente, ni la izquierda moderada, ni la izquierda revolucionaria, ni los liberales ni los conservadores, ni los reformistas ni los progresistas ha hecho nada más que no sea empeorar las cosas. Y es que el problema radica en ese punto precisamente, como sociedad no necesitamos de partidos políticos ni de ideologías fraguadas en la revolución industrial o antes. Como sociedades no necesitamos a una derecha xenófoba antagonizando a una izquierda de papel, mientras la revolución francesa sucedió hace mucho y ya nadie saca nada de esa confrontación.

La sociedad moderna y global no necesita de los partidos políticos ni de un Estado enorme y sobreprotector, no necesita de una izquierda romántica ni de una derecha troglodita, no necesita de un Legislativo comprometido y fantasma ni de un Judicial asustado y corrompido. Nuestra sociedad necesita reestructurarse en base a nuestras realidades y perder el miedo instaurado por las élites políticas al cambio de paradigma.

Necesitamos retornar a la búsqueda de la democracia. Necesitamos despolitizar el Estado y los procesos electorales. Necesitamos empoderarnos todos y participar activamente en el manejo de nuestro país. Necesitamos un Estado más pequeño y menos rico, mientras construimos una ciudadanía más grande y más rica, empoderada y comprometida con que su República prospere. No es quitarles el dinero a los ricos y dárselo a los pobres, es quitarle los instrumentos de recaudación excesiva con que cuenta el Estado y dejar el dinero en el bolsillo de quien se lo gana. Necesitamos un Legislativo enorme y representativo, necesitamos Juntas de Vecinos activas y empoderadas; necesitamos Asambleas de ciudadanos abiertas y públicas en cada provincia, necesitamos un Congreso Nacional de una sola cámara en el cual se vean representados los barrios y sus Juntas de Vecinos cómo primera forma de organización socio-política con que cuenta la sociedad moderna.

Necesitamos instaurar la meritocracia en todas las instituciones del devenir social y humano, necesitamos convertirnos todos en ciudadanos y participar activamente en la creación de nuestro país. Nos encontramos al borde del abismo socio-político, y si no se hacen las cosas que nunca se han hecho nuestra sociedad, nuestra civilización occidental corre el peligro de caer una vez más en la barbarie y el oscurantismo que surge como reacción instintiva ante el abuso y la precariedad. No necesitamos una revolución, necesitamos evolucionar y dejar atrás estas concepciones del siglo XIX de la “necesidad” de un partido político, de la “necesidad” de los políticos profesionales.

Lo único que necesitamos es una ciudadanía preparada y comprometida que se decida a realmente trabajar para que la República y la Democracia no sigan siendo violadas.

1 comentario:

  1. La indignación no es análisis; hasta cierto punto coincidimos en la sensación de malestar estomacal que produce este medio. Debemos mirar las cosas con menos emoción y mas razonamiento.

    "Necesitamos despolitizar el Estado y los procesos electorales. Necesitamos empoderarnos todos y participar activamente en el manejo de nuestro país."

    ¿Dónde ha dado resultado eso? los países desarrollados y los que han logrado avanzar materialmente hacia el desarrollo funcionan teniendo representatividad: una minoria elegida por la mayoria, toma las decisiones.

    "No es quitarles el dinero a los ricos y dárselo a los pobres, es quitarle los instrumentos de recaudación excesiva con que cuenta el Estado y dejar el dinero en el bolsillo de quien se lo gana."

    Nuestro Estado no es un gran recaudador, por tanto, sí necesitamos un Estado con mejores ingresos; el problema reside en la capacidad para derramar esos recursos positivamente hacia la población. Claro que para recaudar más y aumentar la presión tributaria a niveles razonables debemos, simultaneamente trabajar para aumentar la producción de bienes y servicios.

    El problema de estos países, y específicamente del nuestro, es que no hemos podido, en gran medida por nuestra historia de atrasos, y en otra por irresponsabilidad presente, tener un mercado que consuma los productos que el país está en condiciones de producir.

    En cuanto a lo que refieres sobre la educación te comentaré luego.

    Muy bueno tu blog.

    Gracias.

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